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Inmigrantes que cumplieron condenas enfrentan deportación bajo Trump

Inmigrantes que cumplieron condenas enfrentan deportación bajo Trump

El drama de los inmigrantes en EE. UU.: Yelenis Pérez enfrenta la deportación tras 28 años de residencia

En un contexto marcado por nuevas políticas migratorias en Estados Unidos, la historia de Yelenis Pérez resalta las dificultades que enfrentan muchos inmigrantes en el país. Después de haber vivido casi tres décadas en EE. UU., enfrentará la deportación a Cuba por un crimen cometido hace 28 años.

Yelenis, de 55 años, se mudó de Cuba a EE. UU. en busca de mejores oportunidades. En 2013, recibió una orden de deportación que, hasta la fecha, no había sido ejecutada. Sin embargo, la llegada de la administración Trump ha revivido sus temores de ser deportada. Trump ha expresado su intención de deportar a aquellos que considera una amenaza para la seguridad nacional, aunque los datos sugieren que muchos de los inmigrantes deportados en los últimos meses no presentan antecedentes criminales significativos.

El impacto emocional de esta situación es desgarrador. Yelenis ha construido una vida en EE. UU. con hogar, trabajo y familia. La incertidumbre que enfrenta es insostenible, ya que ha trabajado en la Universidad de Tampa durante 27 años y ha criado a sus hijos en medio de un entorno en el que pensaba que había dejado sus problemas atrás. Su deportación, prevista para el 25 de octubre, significa un regreso a un país que dejó hace décadas, donde poco le queda y donde sus raíces son ahora frágiles.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. lleva a cabo detenciones masivas, a menudo afectando a individuos que, como Yelenis, no presentan un peligro para la sociedad. Según un análisis de datos de deportaciones de la Universidad de California-Berkeley, el 45% de los arrestados no tienen antecedentes penales, y el 70% de los arrestos realizados por ICE en el presente año son de individuos con antecedentes criminales, aunque estos pueden no ser graves. Esto revela un desenfoque en la política migratoria actual, donde quienes han superado sus pasados son nuevamente criminalizados.

El día que Yelenis fue notificada de su deportación fue devastador. "El mundo cayó, no sabía si lloraría o reír", recordó. En un giro inesperado tras su cita de rutina con inmigración, se le pidió que en 90 días presentara un pasaporte y un boleto a Cuba. Su reacción fue de incredulidad; pensó que, tras tantos años, su pasado ya no la perseguiría. Sin embargo, la realidad de su situación es que debe dejar atrás todo lo que ha construido en EE. UU., donde se ha sentido estable y en paz.

La historia de Yelenis es un reflejo de la de muchos otros inmigrantes que enfrentan la misma situación. A pesar de haber pagado su deuda con la justicia, carecen de la seguridad que se espera en un país que se presenta como un refugio. Sus familiares y amigos, preocupados por lo que pueda suceder, viven diariamente con la amenaza de la separación. En el caso de Yelenis, su familia se ha convertido en su soporte emocional, pero también en un recordatorio constante de la fragilidad de su situación.

Su historia no es un caso aislado. Rafael Collado, un inmigrante cubano, también ha enfrentado el peso de su pasado y la dura realidad del sistema migratorio estadounidense. A pesar de haber cumplido 17 años de prisión por un delito grave, se enfrenta a las mismas posibilidades de deportación. El testimonio de Sonia Bicara, su pareja, ilustra el sufrimiento que comparten muchos en la comunidad inmigrante. "No importa cuánto tiempo haya pasado, el sistema no perdona", afirma.

La desproporcionada severidad del sistema migratorio en EE. UU. lleva a la preocupación de que el pasado de un inmigrante lo persiga para siempre. Jonathan Shaw, abogado de inmigración, aclara que la vida de un ciudadano estadounidense y un inmigrante no es tratada de la misma manera por el sistema legal. “Para un inmigrante, la carga de su historial es eterna, un tatuaje que no se puede borrar”, subraya.

Finalmente, la historia de Yelenis y de otros como ella resalta una verdad dolorosa: el pasado no se olvida, y las decisiones tomadas en momentos de desesperación pueden tener consecuencias que perduran toda la vida. Mientras tanto, la lucha por una vida digna en un país que promete oportunidades continúa, ya que muchos aguardan el futuro incierto con esperanza y temor. La deportación de Yelenis, programada para el 25 de octubre, podría marcar un hito en su vida y, por ende, en la de su familia, dejando una herida abierta en su comunidad.

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